El día que la Saioneta dijo basta (1/3)

Nunca un cambio de aceite nos podría haber salido tan caro. O al menos eso fue lo que pensé cuando salimos de ese taller especializado en neumáticos del barrio Industriales de Medellín. Entramos para revisar unos ruidos que hacía la rueda delantera de la Saioneta y decidimos hacerle el cambio de aceite correspondiente a los 285.000 kilómetros. Dos días después, la furgo dijo basta y se negó a ponerse en marcha durante dos meses. Atrás queda el paso por cinco mecánicos, tres grúas y uno de los episodios más estresantes desde que salimos a la ruta, hace tres años y medio.

En estos dos meses han pasado muchas cosas. Y hemos tenido que cambiar nuestros planes en más de una ocasión. Nos hemos encontrado con situaciones surrealistas, a veces incluso desagradables. Desde talleres que han intentado cobrarnos el doble del precio debido a cambio de entregarnos una furgoneta que seguía sin arrancar, hasta encontrarnos prácticamente enjaulados en Colombia, después de que el Gobierno de Venezuela -donde teníamos previsto seguir nuestro viaje- decidiera cerrar las dos principales fronteras con el país vecino.

De esta manera, hasta hace poco más de una semana, nos encontrábamos con la furgo negándose a funcionar, las fronteras venezolanas cerradas y el paso a Panamá -que para hacerlo con vehículo propia debe ser por vía marítima- con el servicio de ferry parado. Nos quedaban dos alternativas, ambas costosas. La primera, colocar la Saioneta en un container camino a Panamá, una opción que, hecha con prisas, podía tener un coste de unos 2.000 dólares. Prácticamente la descartamos, ya que además de tener todavía mucho por ver en Sudamérica, merecía la pena esperar la apertura del ferry o bien ponerse de acuerdo con otros viajeros para reducir los costes de un container.

La segunda opción pasaba por arreglar la furgo antes de que se nos acabasen las dos semanas de permiso de Inmigración que nos quedaban y volver a Ecuador, donde ya habíamos estado durante tres meses. En este caso nos encontrábamos con tres dificultades añadidas. La primera, afrontar un auténtico contrareloj que debíamos superar con éxito, ya que si salíamos con la furgoneta más tarde de dos semanas nos podíamos encontrar con fuertes multas de la Aduana y -si el tema se alargaba demasiado- hasta la posibilidad de que nos confiscaran el vehículo.

Otra dificultad era que, aunque finalmente nos arreglasen la furgoneta, después de dos meses tocándola por todas partes, las posibilidades de quedarnos tirados en un viaje de 1000 kilómetros hasta Ecuador eran bastante elevadas. Finalmente, para entrar en Ecuador también nos encontrábamos con un extra económico, ya que nos tocaba renovar por tres meses y el coste por persona es de 240 dólares. Y realmente da rabia pagar casi 500 dólares para entrar a un país donde ya habíamos estado y donde tendríamos la entrada libre en tan sólo un mes y medio.

Tras darle muchas vueltas al asunto, empezamos a mirar la opción de acogernos a alguna situación excepcional que nos permitiera prorrogar el permiso de estancia en Colombia de la furgoneta y la nuestra propia. Desde un primer momento, en Immigración nos dijeron que no nos podían dar ni un día más, que la norma dice claramente que el tiempo máximo para estar en Colombia como turista es de 180 días por año. A pesar de nuestras súplicas, el funcionario de turno se mostró inflexible y nos dijo que la única manera de quedarse en el país más de 180 días seguidos sería hacerlo de forma ilegal.

Pero esa opción tampoco nos convenció, ya que finalmente, si no podíamos prorrogar el permiso temporal por turismo de la furgo, no nos servía de nada. Así que contactamos con el departamento de Aduanas de Colombia, donde encontramos una posible salida a nuestra situación. En este caso, nos informaron de que la furgoneta sólo podía estar 180 días seguidos, pero que podían tener en consideración casos especiales, por avería del vehículo o enfermedad del propietario.

En ese momento empezamos a ver una luz al final del pasillo. Una manera de salir airosos de todo este proceso surrealista en el que estábamos inmersos. Cuando empezamos los trámites para prorrogar la estancia de la Saioneta, la furgo ya estaba arrancando, pero nos encontrábamos pendientes de recibir algunas piezas que actualmente se encuentran desgastadas y que fácilmente nos podían dejar tirados en nuestro camino hacia Ecuador, especialmente dos rodamientos y una fuga del líquido refrigerante. Así que alegamos que necesitábamos prorrogar el tiempo de estancia de la furgoneta para poder conseguir algunas piezas que sólo se encuentran fuera del país. Y finalmente, nos concedieron la prórroga.

Tras dos meses de estrés, finalmente nos podíamos relajar y empezar a decidir hacia dónde tirábamos… sin el vehículo. Eso sí, si no queríamos quedarnos de ilegales en Colombia -que no era la intención- nos tocaba quedarnos fuera del país, como mínimo, hasta el 1 de enero del 2016, cuando volveríamos a tener 90 días de permiso.

De repente, las opciones se abrían delante nuestro. Podíamos volar a alguna isla del Caribe, tal vez volver a Barcelona durante unos meses… Finalmente, decidimos viajar al único país latino del subcontinente que nos falta por conocer, Venezuela, donde viajamos mañana, 14 de octubre, para estarnos durante los dos meses y medio como mochileros. Una nueva etapa de este viaje para la cual ya nos estamos preparando buscando contactos de Coachsurfing y consiguiendo una tienda de campaña para reducir costes. Durante dos meses y medio, Furgo en ruta deja la furgoneta para descubrir Venezuela como mochileros!

Pero ¿qué tenía la Saioneta? O tal vez deberíamos preguntarnos ¿Qué no tenía? Os lo explicamos en el próximo post de Furgo en ruta.

 

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5 responses to “El día que la Saioneta dijo basta (1/3)”

  1. javier

    Suerte chicos desde aca de las breñas chaco argentina les mando un fuerte abrazo y que las sigan pasando lindo, y la furgoneta se arregla amigos.
    Roma Juan Javier.

  2. Benito el Marchoso
  3. Benito el Marchoso

    Que mal debe sentirse uno en un momento así. Yo que no tengo ni idea, pero ni idea de mecánica, me habría sentido en primer lugar vendido, y en segundo lugar, estaría completamente desesperado ante una situación similar.
    Marta y Marià, espero que todo se haya arreglado cuando volvais a recoger la furgo.
    Buen viaje. Benito el Marchoso

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