24. Las máscaras de Iruya

Desde que llegamos a Buenos Aires, cuatro meses atrás, e incluso mucho antes de emprender el viaje en furgoneta por Sudamérica, había tenido una gran curiosidad por conocer a las gentes de los pueblos originarios. Atraído por su riqueza cultural y por su veneración a la madre tierra, esperaba con entusiasmo la ocasión de vivir mi primera celebración popular indígena.

Fue por eso que, estando en Salta un primer fin de semana de octubre, optamos por cambiar nuestro itinerario después de que Marta leyera en el periódico que esa misma noche empezaban las fiestas patronales de Iruya.

Tras siete horas de viaje, el tramo final de curvas nos dejó mareados y Marta acabó medio aturdida. Ya de noche, llegamos hasta el lecho de un río seco donde se agolpaban tiendas de comerciantes y pequeñas carpas improvisadas con la música alta. Nos aparcamos en medio del barullo con la duda de si sería un buen sitio para dormir y nos dirigimos hacia la iglesia del pueblo. Unos minutos más tarde sonaba el petardo que señala el inicio de las fiestas.

Habíamos llegado justo a tiempo para ver la primera actuación de los cachis, promesantes enmascarados que antes de la colonización ya realizaban ritos de veneración a la Pachamama y que actualmente bailan en honor a la virgen del Rosario, en un ejemplo claro de superposición de la religión católica sobre las tradiciones ancestrales de los pobladores originarios.

El departamento de Iruya cuenta con 21 pequeñas poblaciones, algunas de ellas bien aisladas, sin energía eléctrica ni conexión por carretera. El primer fin de semana de octubre llegan peregrinos de todos estos pueblos del interior, que además de participar de la fiesta e integrar las procesiones religiosas, traen sus productos para comercializarlos en el lecho del río, en algunos casos todavía a través del trueque.

Atraídos por el sonido de un pincuyo, seguimos a un grupo de gente que corretea bailando una de las calles que dan a la plaza principal. Los comerciantes y peregrinos de los pueblos vecinos continúan aquí su fiesta particular. Cantan coplillas y dan vueltas en círculos agarrados de la mano, cantando las melodías propias de cada lugar, en un rito que se alargará hasta el día siguiente.

Por un par de noches, el pueblo de Iruya recupera los festejos, los bailes, las melodías y los instrumentos que los habitantes de la zona disfrutan desde los tiempos en que los poemas se transmitían oralmente y en que los indígenas eran los únicos pobladores del continente americano.

 

En cinco imágenes

 

Más información:

Ver el capítulo 10Capítulo 10. Venerando el sol entre palmeras

Ver el capítulo 2Capítulo 2: Envía una furgo a Buenos Aires sin morir en el intento

Ver el capítulo 4Capítulo 4. Celebrando el aniversario del Escarabajo

2 responses to “24. Las máscaras de Iruya”

  1. Choque

    muy bueno la historia que cuentannnn.. }
    Es una de las fiestas mas grande de todo iruya…! esta fista atraee gente de todos los lugares.
    despues que termina toda la ceremonia religiosa. la gente se concentran en la plaza principal y cantan coplas toda la noche con caja y quena. cada paraje tiene sus propias coplas y su tonada….!!

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